jueves, 5 de junio de 2014

Sollozo 2



Perfilo la muerte,
como un mar reclamando
lo que le han robado,
acechando cada poro de mi ser
y cada esencia perdida
en esta celda.

No son los barrotes los que
aprisionan mi vergüenza,
es la vida dejada y
mis sueños derrotados
en vigas de sangre.

Sangre 
que elegí derramar
en mis manos,
cegada por la inconsciencia
del amor.

Ese mismo amor
que me sentencia
a morir en esta celda,
porque lo quise a él
más que a mi vida.

Lo quise tanto,
que el día que murió
por mis manos,
dejé de ser gaviota
y despojada habito
enfrentando su recuerdo
día tras día,
noche tras noche,
dolor perpetuo
que socava mi razón.

No son los barrotes
los que aprisionan mi vergüenza,
es seguir viva sin él...