sábado, 29 de octubre de 2011

Después de ti, ¿Qué?

Una brisa fresca entraba en el cementerio, tocando suavemente el rostro arrugado de Elisa, le recordaba la primera vez que había besado a su fallecido esposo Martín, fue en una playa, la brisa del mar azotaba su pelo con ternura, mientras Martín la besaba, ¡Qué recuerdos tan bellos! …Pensaba. Allí, frente a su tumba y con muchos de sus amigos le daba el último adiós. No quería ser una carga de nadie, mucho menos de su único hijo Alberto al que había criado con todo su amor, convirtiéndose en una persona magnífica que por ella daría la vida, pero seria su carga, el tenía que vivir, como ella misma había vivido su vida, llena de gratas experiencias. En su casa, después de despedir a todos sus amigos y familiares, escribió una carta dirigida a su hijo Alberto, en ella le explicaba el motivo de su partida, le rogaba que no la buscara, que ella regresaría, la dejó junto con su anillo de bodas en su mesa de noche. Antes de salir de la habitación dio una última mirada al lugar donde había sido tan feliz junto a su esposo. Todavía escuchaba su risa, sus ronquidos, también su lamento porque no quería morir (Precisamente en esa habitación se dieron el último adiós), una lágrima se desliza por su rostro, cobró valor, recogió su maleta y hacia su destino su mirada dirigió. Alberto llegó a su casa asustado, su madre no respondía su llamada, la busco por toda la casa, hasta que por fin entro a la habitación y encontró la carta, lloró intensamente, pero comprendía a su madre, ella siempre fue libre. Recibió muchas cartas de ella, de cada rincón del mundo, le decía cuanto lo amaba, hasta que recibió su última carta, en que ella le decía que descansara su cuerpo al lado de su amado Martín, cuando de su viaje regresara. El cuerpo de Elisa ahora descansa junto a su esposo Martín y dicen que la tumba, siempre está llena de flores, flores que no se marchitan, que todos los días cuentan la historia de Martín y Elisa.