lunes, 12 de marzo de 2012

En busca de mi Realidad


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En busca de mi Realidad





Desperté en la mañana con el suave trinar de un gorrión en mi ventana, cuando me acerqué ya el se había ido, era raro eso nunca pasaba, miré el calendario en la pared y me di cuenta que hoy era mi cumpleaños. Me detuve frente al espejo y busqué a esa joven de quince años que algún día fui, pero me di cuenta que ya había desaparecido y resignada le di la bienvenida a los treinta. El espejo no mentía, la juventud ya se estaba alejando como si fuera una turista que estaba pocos días de visita e irremediablemente sabes que al marcharse no la volverás a ver.



Yo era una mujer consagrada con mi vida y mi familia, tenía dos hijos hermosos, un esposo fiel, buena posición social y un trabajo que me llenaba. Aparentemente era feliz, pero siempre había tenido una espinita en mi corazón que a veces me recordaba el pasado. Un pasado que sabía fue ficticio. Fue a los dieciocho años que mis padres de crianza me confesaron que era adoptada, para esa época era muy joven y aunque me chocó saber la verdad continué mi vida como si nada hubiera pasado. Ellos me dijeron que tenían información de mi verdadera madre que cuando yo quisiera la podían contactar, pero en esos momentos no quise saber nada más del asunto. Seguí mi vida evitando el dolor y la decepción de saber la verdad, y construyendo una vida aunque muy dentro de mi sabia que algo muy grande había cambiado.

Pero ahora era diferente, ya tenía treinta años y ya era justo saber quién era yo y de donde pertenecía realmente. Llamé a mis padres y les pedí toda la información sobre mi verdadera madre, ellos se quedaron un poco sorprendidos, pero me dijeron que tenía todo su respaldo, me despedí de ellos y enganché. A la mañana siguiente en el desayuno hablé con mi esposo y los niños sobre el asunto de encontrar a mi verdadera madre, mi esposo me confirmó su apoyo incondicional, y los niños aunque no entendían mucho aceptaron mi decisión. Ya en la tarde compré un pasaje que me llevaría a Puerto Rico, una isla que solo de niña había conocido y muy poco porque mis padres muy raras veces iban allá de vacaciones.

En el aeropuerto estaba muy nerviosa me despedí de mi esposo e hijos, él quería acompañarme pero le dije que necesitaba estar sola y que tratara de comprenderme, en su cara se reflejaba la angustia y preocupación por mi pero me dejo ir. En el avión no logré descansar, muchas preguntas invadían mi mente. ¿Por qué mi madre me había abandonado? ¿Cómo me recibiría? ¿Lograría yo perdonarla? No tenía la mas mínima idea de lo que me esperaba en ese viaje, sólo tenía un nombre Olga Santori y una dirección de un pueblo que quedaba en el sureste de la isla llamado Patillas. Había buscado información en la Internet del pueblo y ya tenía una pequeña idea, tenía que reconocer que el miedo invadía mi corazón pero por mi bien debía ser fuerte.

Horas después llegue a San Juan Puerto Rico, alquilé un carro y emprendí mi viaje. Había rentado una casa de veranear que quedaba muy cerca de la playa. El viaje desde el aeropuerto hacia el pueblo fue como de hora y media, por lo menos el paisaje de las montanas y el mar me tranquilizaban. Cuando llegué a la casa que había rentado una familia muy amable me recibió y me enseñaron las instalaciones. El lugar era perfecto, el mar quedaba muy cerca y era muy cómoda la casa. Aproveché y les pregunté si conocían a alguien con el nombre de Olga Santori, ellos se miraron entre sí extrañados pero me dijeron que no sabían nada. Eso me preocupo porque sabía que no sería fácil encontrar a mi verdadera madre. Desempaqué y llamé a mi esposo, le dije que todo estaba bien hasta ahora, que no se preocupara y que cuidara bien de los niños. Ya era muy tarde estaba cansada y logré dormir un poco.

A la mañana siguiente me despertó el ruido de las olas del mar al chocar con las piedras, era muy relajante me vestí rápidamente y recorrí la playa. Era tan bella, un poco solitaria pero mejor así porque me ayudaba a tranquilizar mi corazón para el momento que le esperaba. Más tarde encendí el carro, tome fuerzas y emprendí el camino que me llevaría a encontrarme con mi verdad.


No fue fácil encontrar el lugar, tuve que detenerme varias veces para preguntar, gracias a Dios buenas personas me indicaban hasta que al fin di con la dirección. Yo esperaba encontrar un lugar pobre y viejo, pero ante mí se erigía una casa hermosa de dos plantas con varios jardines alrededor, al parecer había alguna actividad porque había muchos carros aparcados frente a la residencia. Pensé dar marcha atrás, quizás no era el momento adecuado, pero retomé fuerzas ya estaba allí y tenía que ser valiente.

Me bajé del carro y vi que la puerta estaba abierta, al entrar vi muchas flores en la estancia y un correr de personas de lado a lado. Les preguntaba pero todo el mundo me ignoraba, se escuchaba música, tintineo de copas y risas, me deje llevar por el ruido y vi que era una fiesta al parecer una boda. Sentí mucha vergüenza sabia que en un momento así no debía molestar pero la curiosidad me mataba. Busqué a mi madre entre toda esa gente sabía que la encontraría, me detuve en una esquina con el corazón acelerado y me fijé en una mesa que sobresalía de las demás, había una mujer que aunque parecía feliz su rostro reflejaba nostalgia, debía de ser ella no podía equivocarme. Me le acerqué, todos me miraban me imaginé que todos se preguntarían quien era yo pero eso no me importo y de mi boca salió su nombre Olga.

Ella me miró fijamente y vi en su expresión sorpresa, ¿sabría ella quien era yo? Al parecer si sabia porque se levanto y me dio un abrazo muy fuerte y me susurró al oído “querida hija te esperaba”, yo quede muda tantas cosas que pensaba decirle pero era imposible, solo la miraba. De sus ojos salían lágrimas, me tomó de la mano y me llevó a su habitación. Allí me contó toda la historia: ella era muy joven cuando salió embarazada, el chico del cual se había enamorado la había abandonado al enterarse de su estado, y su familia que era muy prejuiciosa la había casado en contra de su voluntad con un hombre mayor y de posición elevada para tapar las cosas. Ella accedió porque era joven y quería un porvenir para el hijo que llevaba en su vientre, pero el hombre despechado al enterarse que no era su hijo empezó a maltratarla, estuvo casi a punto de perder a su bebe pero se escapo y fue recibida en un hogar para madres adolescentes, allí la ayudaron con su embarazo, pero al dar a luz no tenía a donde ir, su familia no quería saber de ella así que en el hogar le recomendaron que diera a su hija en adopción y ella accedió muy triste y desolada porque no tenía otra opción, pero siempre le pidió a Dios que algún día se la regresara. Ya no quise saber nada más, pensé que remover un pasado tan doloroso no era necesario porque veía en sus ojos arrepentimiento y mucho dolor, le dije que ya no me contara más y lloramos las dos abrazadas. Le di gracias a Dios por ayudarme a encontrar a mi verdadera madre.

Al rato me enteré que quien se casaba era mi hermana, la cual me abrazó y me dio la bienvenida a su vida. No me aparte de mi madre en toda la fiesta disfruté tanto con ella, llamé a mi esposo y le conté todo, él estaba más tranquilo y decidió venir con los niños a conocer a mi madre yo accedí feliz eso era lo que necesitaba para completar mi felicidad. Los días transcurrieron felices, compartí con mi madre, visitamos los lugares más bellos de Puerto Rico y aprendí amar la patria donde nací. Nos conocimos cada vez más y la amé porque era maravillosa, la espina de mi corazón había desaparecido y fue remplazada por una única verdad ya estaba en casa.